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DERRAME DE MISERIAS Laura Etcharren

La Televisión como canal. El reflejo de la descomposición social en una televisión que permite su uso y abuso. Que deja, e induce. Que recrea, bajo la legitimidad de la salida al aire, la banalización de los temas.

No son los medios de comunicación. No es la televisión la que convierte un hecho desgraciado en una historia grotesca en la que terminan siendo más protagonistas las groserías y los escándalos que el hecho, supuestamente trágico.

La televisión es un canal. Un móvil. Un espacio de reunión en donde los protagonistas del mundo del espectáculo y del mundo bizarro, actualmente, se entrecruzan. A punto tal, de mezclarse dentro de un gran show que goza de situaciones impredecibles y por supuesto, de situaciones armadas que luego, por el mismo desborde de sus protagonistas y la arenga del Rating, terminan siendo un cambalache poco creíble. Ordinario. Mediocre. Y por sobre todas las cosas, fatal en cuanto al mensaje.

Pero claro esta, que la Televisión no es un sitio educativo. Por lo menos, no la Televisión de aire sostenida en contenidos de chimentos, programas de archivo y un tsunami de momentos morbosos que escapan a un sentido estético en términos de teorías del gusto.

Refundación del Uso y Cambio

Los permitidos, en nuestra televisión, son una constante. Son diarios. El desborde, devino en natural. Tanto es así, que cuando falta, se siente. Y lo que se intenta, es volver a instalarlo.

El tema contundente es, que de un tiempo a esta parte, los permitidos están vinculados con el abuso en todas las esferas. El abuso en el contexto de la infancia. Dentro de una familia.

Maltrato en las parejas. Drogas. Alcohol. Adicciones en general. Enfermedades y muerte.

Peleas de camarines que terminan a los golpes y divismos basados en ropa interior.

Productores que utilizan un poder sexual en connivencia con las urgentes de flashes, luces y delirios de purpurina. Directores excedidos en sus ansias de ver más allá.

Es decir, hay una mercantilización del Ser. Una refundación, infame pero redituable, de lo que se conoce como valor de uso y valor de cambio. Refundación que es posible, por la permeabilidad de muchos de los protagonistas de estas confrontaciones atravesadas, siempre, por la violencia. Individuos que se sientan en los programas a contar sus historias de vida llevándolas a terrenos de amplia banalidad.

Historias de vida sumergidas en un reino de acotaciones vulgares. Ambiguas. Manipuladas.

Un relato con superávit de maniobras para destacarse, aunque sea, exponiendo la moral. Y con un marcado déficit de credibilidad sostenido en las contradicciones.

Banalizan el abuso. Derraman sus miserias. Y lo hacen, sin códigos, porque no hay respeto.

Llevan a la televisión, bajo el estado de feroz 'alucinación' de las cámaras, la vida cotidiana expuesta a la barbarie. Esa barbarie que nos ha convertido en la Argentina de Hamlet. Una sociedad, con un fuerte quiebre en su tejido que no puede diagramar contenidos con un nivel más alto. Ocurre, que en la mediocridad, también está la distracción. La distracción frente al espanto.

La Perversión de la Fama

La Fama, en el mundo, es incluso una consagración hasta de la Narco Delincuencia. Es por eso, que la tragedia y la anomia atraviesan todos los continentes. Sin excepción. Perversamente. Sin distinciones. Solo, con el propósito del fin.

(Un Narcotraficante buscado, es famoso)

En la Televisión, en estado de "guerra" permanente, ocurre algo similar. El fin es más importante que el instrumento de llegada. Y es, en la llegada, cuando no hay límites para el anclaje. Entonces, para el "despotismo" mediático, todo vale.

De ahí que pueda observarse, como en la TV, los verdaderos episodios de violencia que profundizan nuestra descomposición, se plasman con la jactanciosa ignorancia de sus protagonistas. Y así, lo gracioso termina siendo siniestro. Y en lo siniestro, por debilidad argumental, se va diluyendo la seriedad.

Convierten, por ejemplo, la gravedad de la violencia de género, en una orgía de dimes y diretes en los cuales, el dolor es secundario y la perversión de la fama, el factor primario.

Socióloga. Analista de Televisión. Especialista en la problemática de Narco Maras en Centroamérica y en Argentina.

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